En los últimos años, la investigación científica ha transformado nuestra forma de entender el papel del ejercicio físico durante y después del tratamiento del cáncer de mama. Lo que antes se consideraba únicamente una recomendación para mantenerse activa, hoy se reconoce como una herramienta terapéutica capaz de mejorar la calidad de vida, preservar la capacidad funcional y contribuir a un mejor estado general de salud.
Entre todas las investigaciones publicadas, una de las más relevantes es la revisión sistemática y metaanálisis realizada por Cariolou y colaboradores (2023), cuyo objetivo fue analizar la relación entre la actividad física realizada después del diagnóstico de cáncer de mama y el pronóstico de la enfermedad.
Sus resultados aportan un mensaje esperanzador y respaldado por una sólida base científica: las mujeres que mantienen un estilo de vida físicamente activo tras el diagnóstico presentan una mayor probabilidad de vivir más tiempo y con una mejor calidad de vida.
El ejercicio no cura el cáncer, pero puede cambiar el pronóstico de salud
Cuando se habla de ejercicio y cáncer, es importante evitar mensajes simplistas.
Ningún estudio científico serio afirma que hacer ejercicio cure un cáncer o impida por sí solo que vuelva a aparecer. El tratamiento continúa basándose en la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia, la hormonoterapia, la inmunoterapia y el seguimiento realizado por el equipo de oncología.
Sin embargo, cada vez existe más evidencia de que la actividad física puede convertirse en un aliado fundamental durante todo el proceso de la enfermedad.
El ejercicio ayuda al organismo a responder mejor a los tratamientos, mantiene la condición física, reduce numerosos efectos secundarios y favorece un estado general de salud que puede influir positivamente en la evolución de muchas pacientes.
¿Qué investigó el estudio?
La investigación publicada por Cariolou y colaboradores forma parte del Global Cancer Update Programme, una iniciativa internacional dedicada a revisar de forma rigurosa toda la evidencia científica disponible sobre nutrición, actividad física y pronóstico del cáncer.
Para ello, los investigadores realizaron una revisión sistemática y un metaanálisis, dos de los diseños científicos con mayor nivel de evidencia, recopilando los resultados de múltiples estudios observacionales realizados en mujeres con cáncer de mama.
El objetivo era responder a una pregunta muy concreta:
¿Las mujeres que realizan más actividad física después del diagnóstico presentan un mejor pronóstico que aquellas que permanecen sedentarias?
Los resultados fueron muy claros
Tras analizar toda la evidencia disponible, los investigadores observaron una asociación consistente entre una mayor actividad física recreativa y una menor mortalidad.
Las mujeres físicamente activas presentaban:
- hasta un 48 % menos de riesgo de mortalidad por cualquier causa;
- aproximadamente un 38 % menos de riesgo de fallecer específicamente por cáncer de mama.
Los mayores beneficios se observaron en mujeres que alcanzaban alrededor de 20 MET-horas semanales de actividad física, una medida utilizada para cuantificar el gasto energético asociado al ejercicio.
En términos prácticos, esta cantidad puede alcanzarse mediante programas adaptados que combinen caminatas a buen ritmo, entrenamiento de fuerza, bicicleta, natación u otras actividades prescritas según las características de cada paciente.
¿Qué significa realmente esta reducción del riesgo?
Uno de los aspectos más importantes del estudio es interpretar correctamente sus resultados.
Al tratarse de investigaciones observacionales, los autores encontraron una asociación entre realizar más actividad física y presentar una menor mortalidad.
Esto significa que ambas variables aparecen relacionadas, pero no permite afirmar que el ejercicio sea el único responsable de esa reducción del riesgo.
Las mujeres físicamente activas también pueden presentar otros factores beneficiosos para la salud, como una mejor alimentación, menor tabaquismo o un mayor seguimiento médico.
Aun así, cuando estos resultados se analizan junto con decenas de investigaciones previas, la evidencia apunta de forma consistente hacia un mismo mensaje: mantenerse físicamente activa después del diagnóstico se relaciona con mejores resultados de salud.
Beneficios que van mucho más allá de la supervivencia
La actividad física no solo se asocia con una mayor supervivencia.
Numerosos estudios científicos han demostrado que el ejercicio también contribuye a mejorar múltiples aspectos fundamentales para la recuperación de las pacientes.
Entre los beneficios más importantes destacan:
- reducción de la fatiga relacionada con el cáncer;
- mejora de la calidad de vida;
- aumento de la fuerza muscular;
- conservación de la masa muscular durante los tratamientos;
- mejor control del peso corporal;
- mejora de la salud cardiovascular;
- mejor regulación metabólica;
- disminución del riesgo de desarrollar otras enfermedades crónicas como diabetes o enfermedad cardiovascular.
En conjunto, estos efectos permiten que muchas mujeres afronten el tratamiento con una mayor capacidad física y emocional.
Afrontar mejor el tratamiento también significa mejorar el pronóstico
Uno de los mensajes más interesantes que deja esta investigación es que el ejercicio ayuda a preparar al organismo para soportar mejor los tratamientos oncológicos.
Mantener una buena condición física facilita la recuperación tras una cirugía, ayuda a tolerar mejor algunos tratamientos sistémicos y disminuye la pérdida de fuerza y masa muscular que suele aparecer durante el proceso oncológico.
Además, la actividad física contribuye a reducir la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y aumentar la sensación de control sobre la propia enfermedad.
Por ello, aunque el ejercicio no actúe directamente sobre el tumor como un tratamiento farmacológico, sí puede mejorar numerosos factores que influyen en el bienestar global de la paciente.
El ejercicio siempre debe ser individualizado
Uno de los aspectos en los que coinciden prácticamente todas las guías internacionales es que no existe un programa universal válido para todas las mujeres con cáncer de mama.
La prescripción del ejercicio debe adaptarse a múltiples factores, entre ellos:
- el tipo de tratamiento recibido;
- la cirugía realizada;
- la presencia de metástasis óseas;
- el riesgo cardiovascular;
- la existencia de linfedema;
- la neuropatía inducida por quimioterapia;
- la anemia;
- la condición física previa;
- el estado general de salud.
En pacientes con tratamientos activos o complicaciones asociadas resulta especialmente importante que exista coordinación entre oncólogos, fisioterapeutas y profesionales especializados en ejercicio oncológico.
Solo así es posible diseñar programas seguros, eficaces y adaptados a las necesidades reales de cada persona.
El ejercicio como parte del tratamiento integral
Actualmente, las principales sociedades científicas internacionales consideran el ejercicio físico una parte esencial del abordaje integral del cáncer.
No sustituye ninguno de los tratamientos médicos, pero complementa su efecto ayudando a preservar la funcionalidad, reducir los efectos secundarios y mejorar la calidad de vida.
Las recomendaciones actuales incluyen combinar entrenamiento de fuerza, ejercicio aeróbico, movilidad y trabajo de equilibrio, ajustando siempre la intensidad y el volumen a la situación clínica de la paciente.
Conclusión
La revisión sistemática publicada por Cariolou y colaboradores aporta una de las evidencias más sólidas disponibles sobre el papel del ejercicio físico tras el diagnóstico de cáncer de mama.
Las mujeres que mantienen un estilo de vida activo presentan una asociación con una menor mortalidad global y específica por cáncer de mama, además de obtener importantes beneficios sobre la salud cardiovascular, la fuerza muscular, la composición corporal y la calidad de vida.
Aunque el ejercicio no sustituye a la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia ni a ningún otro tratamiento oncológico, sí representa una herramienta terapéutica complementaria con un enorme potencial para mejorar la salud y el bienestar de las pacientes.
Cada vez existen más pruebas de que moverse no solo ayuda a vivir mejor durante el proceso oncológico, sino que también puede formar parte de una estrategia global para vivir más y con una mejor calidad de vida.
Referencia científica
Cariolou, M., et al. (2023). Postdiagnosis Recreational Physical Activity and Breast Cancer Prognosis: Global Cancer Update Programme Systematic Literature Review and Meta-analysis.
PubMed: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36279903/
DOI: https://doi.org/10.1002/ijc.34342